Los amigos son personas con las que vives toda una vida durante el relámpago de una risa.
A todos mis amigos en el espacio y tiempo…
§ Luisa, una mujer de 73 años, despertó un día en su cama en La Habana, y al momento de verse al espejo, vio su cara durante largos 33 minutos y luego, sonrió poco a poco como hacia mucho que no. Su sonrisa mostraba todos sus dientes, sus labios no daban para más, empezó a reírse con ternura y diversión, y después sus ojos enrojecieron y a los bordes de su gran sonrisa llegaron lágrimas saladas. El resto del día hizo toda su rutina en silencio absoluto.
Los vecinos, sus amigas de las clases de rumba, su esposo, dudaban si estuviera perdiendo la cordura. Todo lo hacía bien, normal, vaya. Pero su mirada siempre estaba ansiosamente buscando algo en el cielo. Estaba de cierta forma distraída; pero incluso con mucho mayor actividad de la normal. Y su humor era otro. Era tremendamente más alegre. Cualquiera diría que no había nada por qué llevarla a consulta… pero es que no era así.
Dado que era una señora de edad, sin pensarlo mucho. Fue a dar al médico. Quien no encontró algo en especial. Fue al sacerdote, quien tampoco descubrió algo de particular atención. Llegó a que le leyeran las cartas y la medium, después de limpiar sus anteojos, volvió a ver las cartas, volteó a ver a Luisa, luego las cartas, luego a Luisa y luego se cayó de su silla por la carcajada que le atacó.
§ Cathy era una niña de 10 años que vivía en Boston. Le gustaban los ponys y los arcoiris. Hasta que no. Para nada. Nunca más. Los papás inmediatamente presionaron el botón de Autismo y le empezaron a dar el tratamiento correspondiente. No jugaba con los otros niños como antes. No le gustaban ya las películas para niñas. Era lista antes, pero de pronto se volvió intolerante a las conversaciones frugales, casi colérica. La escuela la cursaba con hastío y corregía todo el tiempo a los maestros hasta que se hartó y sólo veía hacia afuera de la ventana mientras los profesores daban su clase. Llegaba el día del examen y ella, con excelente caligrafía, los resolvía casi sin ver la hoja.
La psiquiatra infantil escuchó el relato de los padres. Dijeron que Cathy tomó una siesta regresando de la escuela y despertó siendo prácticamente otra persona. No sabía quien eran sus padres ni sus maestros, solo se le veía sonreír cuando jugaba con su perro. Empezó a comportarse muy diferente. Silenciosa, viendo afanosamente hacia el cielo como esperando que algo cayera de ahí.
La psiquiatra le mandó algunos medicamentos y empezó un tratamiento largo. “Notas Sobre Catherine”, se llamó el artículo que le mereció premios en todo el mundo para la doctora después de muchos, muchos años de dedicada investigación. Cathy fue feliz toda su vida, pero cada vez que leía opiniones sobre ese libro, que finalmente era una investigación sobre su desorden mental, hasta a ella llegó a sorprenderle lo que decía que había pasado.
§ La Directora del Centro de Preservación Botánica de una Universidad Jesuita, escuchó un podcast sobre el artículo “Notas Sobre Catherine” y se dio a la tarea de leer el documento. Conforme iba leyendo, se sonreía, fruncía el ceño, se rascaba la cabeza. Y llamó a algunos colegas para ir a hacer algunas investigaciones a la selva.
Lo que le llamó la atención fue esta sección del artículo de la Doctora en la que Cathy, bajo hipnosis, dijo esto:
Doctor: So, how was it, Julio?
Cathy: I’ve never thanked you for calling me Julio.It means a lot to me.
Doctor: Okay, Julio. What happened that day?
Cathy: I’ve already told you that talking about this makes me feel nostalgic. Why do you keep insisting?
Doctor: I want you to feel at peace, Julio.
Cathy: I am at peace. I have no other choice.
Doctor: Tell me about your Italian friend. That always cheers you up.
Cathy: (smiles tenderly) Ah, Pietro. Quite the character. Who knows where he is now? He could be anywhere. A pilot with a tuna farm who knits while the plane is on autopilot. If you think I’m crazy, Doctor, you’d love to meet Pietro.
Doctor: I don’t think you’re crazy.
Cathy: Oh, Doctor, you don’t need your degrees to know that a ten-year-old girl who says her name is Julio, who says she’s forty, who’s Venezuelan, and dying for a rum on the rocks… is crazy.
Doctor: Let’s go back to Pietro.
Cathy: Uff. Just eleven more years until I can have that rum.
Doctor: Julio… Pietro… stay focused.
Cathy: (smiles again) Pietro was a great friend. Probably the best I’ve ever had. Working in the mines is extremely hard, Doctor. We spent so much time without knowing whether it was day or night outside. By the time you leave the cave, you’re exhausted, but at the same time you crave to feel like a normal person, so you try to have a little conversation, drink some rum on the rocks, and look up at the sky.
Doctor: Go on… keep going…
Cathy: Pietro fell into that life like I did, many years ago, convinced that the deal they offered was simple. One year extracting gold, and after that, you could take with you whatever you mined in an extra month of work. (The girl’s face stiffens) We had no idea what we were signing.
Doctor: Let’s not get into dark passages. Tell me about Pietro.
Cathy: (wipes away a tear) Pietro was always singing. Even when desperation hit him hard, he was in a better mood than the rest. And when we got to the cantina to drink rum, Pietro was a spectacle. He fell in love with a waitress, and they gave him free drinks and played the music he asked for. I was quieter, more reserved; but truly, Pietro got us to smile. I only saw him serious the day we said goodbye. We were among the last ones left.
Doctor: And then?
Cathy: Pietro and I performed the ceremony they used to do when the contract ended.
Doctor: Ceremony?
Cathy: Nothing too weird… You’d go with the mine guards and the miners who wanted to come, and you’d throw the pickaxe, the helmet, the pliers, and the gloves into the river and yell, “My suffering has turned into the gold I take with me!” Then, the ID number tattooed on your arm would be covered with a tattoo like this one (the girl points to a kind of vortex drawn with a blue marker on her arm).
Doctor: Okay. You’d never told me about this, Cathy… Julio.
Cathy: Well, that’s why “Cathy” draws this on her arm. But anyway, back to the ceremony. We did it, and that was that. (Cathy squints her eyes)
We took a longer path to the cantina because we wanted to talk a bit more before Pietro went back to Genoa and I went back to Maracaibo. He had a girlfriend who had stopped writing to him and he planned to win her back; I wanted to return to my family with the gold I had saved and buy a house with a pool for my kids and where my dog could run freely. We were talking about that when we saw something really strange. Next to the road there was forest, but there was a clearing with no trees. Night had just fallen, and we stopped to look at that strange scene. There were stars in the sky, and on the grass there were fireflies flying in hypnotic patterns, but that wasn’t the strange part; what caught our attention that time was that there were hundreds of frogs arranged like this (she points to the drawing on her arm). They were all croaking beautifully. From what I know about music, I’d say it was choral with seventh chords, like medieval Gregorian chants. One frog in the center of all the others ate a firefly and started to glow.
(Note: Cathy has never received instruction on Gregorian chants, the Middle Ages, or music).
(Cathy remains silent for an hour, looking up at the sky through the window of the office, until her parents come to take her home).
§ Luisa regresaba una vez por semana con la medium, que le leía continuamente la mano, y el café, y hasta las orejas con especial interés. Siempre eran divertidas esas sesiones. Eventualmente se hicieron amigas. ¿Bueno… pero estás tu segura de que siempre sale la misma respuesta, Carmen? ¡Segura, Luisa! ¡Pues salud! ¡Salud! y se reían las dos y chocaban sus vasos. Después Luisa se iba a su casa cantando todo el camino. A todos les parecía rarísima su actitud, pero de hecho, la disfrutaban más.
§ La doctora Betancourt del Centro de Investigaciones Botánicas estuvo varios años yendo a hacer investigaciones a ese lugar, después de el artículo; hasta que ese día lo vio ocurrir.
Ella había vivido toda su vida ahí cerca de la Universidad, y desde adolescente, cuando iba a correr al parque durante el amanecer, se detenía un momento a ver ese solar donde había luciérnagas despidiéndose de la noche. Le parecía casi mágico. Cruzaba por la yerba para ver a todos los bichos luminosos rodeándola.
Una noche que regresaba de fiesta con los amigos volteó a ver a las luciérnagas, y las vió, pero también vio algo muy peculiar. Un coro de ranitas. Que la hizo tener miedo, pero también admiración. Como igual no eran horas para andar sola en la calle, corrió a su casa. Después de esa noche todos le decían que ya no era la de antes.
Esa madrugada, su iPhone sonó en la forma distintiva de que las cámaras del centro de investigación habían captado algo, y se levantó de la cama como un resorte. Tomó el aparato con desesperación, no lo había puesto a cargar y tenía 2% de batería. Saltó corriendo hacia su estudio, se golpeó el pié con una silla, y cojeando y saltando y como pudo… llegó al cargador. Lo conectó, desbloqueó el celular y su cara se iluminó en con una gran alegría. ¡Lo sabía! ¡lo sabía! Uuy, esto amerita un ron. Se sirvió el ron, le puso hielo; y viendo hacia el cielo dijo. A tu salud, Julio.
§ Cathy se graduó de su Doctorado en Enegría Nuclear a los 21 años. El día de su graduación, le dijo a su novia que tenía algo qué decirle pero que tenía que ser al atardecer en un rooftop en Beberly Hills. Su novia, como siempre, le dijo que sí, que lo que ella quisiera. Eran una pareja pefecta.
Cathy sabía perfectamente el segundo en el que se ocultaría el sol ese y todos los días en todos los planetas del sistema solar y sus alrededores.
Cuando el ocaso pintó el cielo de Los Ángeles de todos los colores posibles, Cathy le dió un trago a su ron con hielo; sonrió viendo al cielo y gritó: “¡Mi sufrimiento se ha convertido en el oro que me llevo!” en español perfecto, aplaudió y dio saltos de alegría. Su novia la veía con la diversión, admiración, curiosidad, devoción y cariño infinito que le tenía.
- No sabía que hablaras español, pero creo que ya no me sorprende que me sorprendas.
-Pues espero que esto te sorprenda. -Cathy se hincó y le ofreció un anillo de compromiso. y le dijo: -Niña: el universo es todo simultáneo, el tiempo no es para nada como lo entienden los relojes. Al mismo tiempo soy, he sido, y seré tu novia, tu amiga, tu discípula, pero también tu tenedor, tu zapato izquierdo. Y tú has sido, y siempre volverás a mi siendo a veces mi pez, mi vaso, mi pincel, mi tren, mis audífonos. Y a veces somos personas, a veces me siento enfrente del mar a tomar una cerveza esperando a que te sientes enfrente de mi, y tal vez seas mi vaso, o mi mesa, o el atardecer, o tal vez hay realidades en las que tu eres mi yo y yo soy tu tú. Lo que me queda claro, es que cada vez que coincidimos, las estrellas y las luciérnagas bailan en círculos-
§ Luisa, no puede ser… es que tu vienes todas las semanas, y todas las semanas tu mano, las cartas, el te, y hasta tus narices dicen los mismo… no lo entiendo tampoco.. ¡pero así es! Pero si dejas de venir, te extraño amargamente asi que siéntate y dame tu mano para leerla, loca.
-¿Cómo… así… a secas?
-Ah, si… tu ron. Si sigues así no vas a llegar a vieja ¿eh?
-¿Más? Eres una estúpida, Carmen. Salud. ¿eh? Bueno, está bien… hoy no me leas la mano. Igual siempre dices las mismas tonterías sin sentido. Vente, vamos al paladar que hoy traigo ganas de cantar.
Por ahí a las 11:40 de la noche, Carmen le preguntó qué pensaba sobre lo que decían las cartas sobre ella. Y Luisa dijo:
Puede ser, Carmen. Puede ser. Yo no se nada, yo solo se que este universo fluye y hay puntos, momentos y lugares en que confluye. Hay instantes en los que uno ve una vida entera y geografía infinita, y no se puede hacer nada más que entregarse al momento y contemplar; disfrutar, fluir y cantar. Hay una fuerza gravitatoria que siempre va a hacer que todo tenga sentido. Pero mira… ve las estrellas. Ahí están, y no están ya, pero si están, velas. Si pudieras comerte una, ¿no piensas que serías infinita?
Después de toda la noche de rumba cubana intensa, se hicieron amigas de unas alemanas y unos argentinos mucho más jóvenes que ellas con los que se fueron a cantar a la plaza de armas de la Habana vieja. Los argentinos, jóvenes de viaje de estudios fueron los que más aguantaron pero se fueron a dormir justo antes de amanecer.
-¿Ya se van? ¡Parecen viejitos! - dijo Luisa.
-¡Parece que vos sos un joven parrandero en el cuerpo de una señora!
Carmen, la medium. Se echó una de sus ya clásicas carcajadas, se agarró la panza con la mano izquierda y con la derecha señaló a Luisa y gritó.
-¡Casi le atinas, muchacho! ¡pero no es un joven! ¡es una rana que se comió una estrella!
Ricardo Daniel Díaz